Ni si quiera recuerdo la última vez que lloré. He perdido todo lo dulce que había en mi. Me he vuelto más oscura, incluso he retomado viejos vicios, que yo creía olvidados. Si te sientes débil, es imposible renunciar a ellos cuando llaman a tu puerta. Y aunque sé que me van destruyendo por dentro, soy incapaz de dejarlos ir de forma definitiva.
Solo bastó que le entregara mis ojos mansamente y lo dejara mirarme en ellos. Que se ablandara mi tensión, y mi cuerpo reconociera en él, al Dios, al mago. Que refloreciera mi ternura. Que dejara fluir naturalmente mis palabras, mis pensamientos, mis ganas.